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11-05-2010

Un solo campus para Europa

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Ha sacado a la calle a miles de universitarios de toda Europa, ha provocado enfrentamientos con la policía, ha convocado huelgas, desconcierto entre profesores, prisas entre los rectores, que se han visto obligados a rehacer sus campus en un tiempo récord… Pero el plan Bolonia sigue en marcha y casi el 95% de universidades europeas se adapta ya a este nuevo modelo de hacer carrera. Hace ya un lustro que los países de la Unión se propusieron crear para 2010-11 un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), al que se han sumado 46 países, con varios objetivos. Por un lado, se pretende favorecer la movilidad de trabajadores en este espacio común equiparando los títulos de toda Europa. Por otro, incrementar la competitividad y ajustar la oferta a la demanda social. “A mí me gusta compararlo con el euro”, explica Agustín Probanza, vicerrector de Ordenación académica y posgrado de la Universidad San Pablo CEU. “Si Europa no tiende a una cierta homogeneización en los sistemas educativos, no vamos a ser competitivos con las potencias emergentes o en el ámbito educativo como EE UU o Canadá. Era necesaria una cierta normalización que permitiese la movilidad y permeabilidad. A partir de ahora, un médico que ha estudiado en España podrá trabajar en Inglaterra sin necesidad de convalidar el título. Como no diésemos ese paso, perderíamos competitividad”.

El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, explicó esta semana que “el Espacio Europeo no tiene por objetivo, como se ha comentado desde algunos sectores, lograr sistemas de educación superior iguales. Se trata más bien de crear sistemas homologables, comparables y también compatibles” En tan sólo cinco meses, los universitarios no escogerán diplomaturas o licenciaturas sino grados y posgrados; acabarán la carrera en cuatro años, excepto quienes estudien Medicina -que la harán en seis- o de Arquitectura -cinco-; el máster de posgrado será obligatorio para abogados, ingenieros superiores y profesores de secundaria; se introducirá una revolución metodológica que despedirá a la lección magistral para dar paso a unas clases más participativas; en las notas no sólo contarán las horas que el alumno pasa en clase, sino también las que invierte en casa, en la biblioteca, en el laboratorio... y éstas serán contabilizadas por el tutor. Además, el plan Bolonia multiplica la oferta formativa para lograr una mayor especialización en la formación universitaria.

Por eso, las universidades se han visto obligadas a elaborar carreras originales que atraigan al mayor número de estudiantes. De esta forma, se han puesto en marcha grados como cine y medios audiovisuales (en la Universidad de Barcelona) o Nutrición humana y dietética (en la Universidad de Valencia). También los posgrados ofrecen estudios únicos y distinguidos, como el máster de Estudios de Asia y Pacífico, en la Universidad de Barcelona, o el máster de Marketing y management del surf y de los deportes de deslizamiento, en la Universidad de Mondragón.

Mientras países como Holanda o Bélgica ya tienen alumnos graduados con el nuevo plan, España se incorpora más despacio al proceso de Bolonia y todavía hay cientos de titulaciones que tienen que pasar por la criba de la Aneca, la agencia encargada de verificar la calidad de las certificaciones universitarias. El pasado mes de enero, el ministro de Educación aseguraba que el 50% de las titulaciones habían completado este proceso. La otra mitad deberán estar listas para el próximo mes de septiembre. En 2015 habrán desaparecido por completo todas las carreras con plan antiguo.

La universidad Carlos III deMadrid o el CEU han sido pioneras en adaptarse al modelo europeo. Los alumnos Bolonia notan las diferencias con sus compañeros de la anterior generación en la evaluación continua, en los trabajos y casos prácticos semanales y en un calendario de exámenes y vacaciones diferente al resto, adaptado a los universitarios europeos. Ana Garriga, estudiante de Derecho Comunitario en el CEU, explica que tiene exámenes todo el año. “Los más importantes son antes de Navidad y de Semana Santa. En julio, antes de las vacaciones de verano, son las recuperaciones, así que nunca toca estudiar en verano”. En relación al método para impartir las clases, “no cogemos apuntes excepto en las llamadas clases magistrales, que son sólo dos veces a la semana para asignaturas troncales como Civil o Romano”, afirma la alumna.

Los defensores del plan Bolonia creen que es un cambio a mejor, sobre todo porque la universidad tendrá una apariencia más práctica y se convertirá en una escuela de futuros profesionales con una investigación rentable.

“Era necesaria esta reforma. No sé si Bolonia u otra, pero sí era necesario”, asegura José María Álvarez Monzonzillo, vicerrector de Armonización y convergencia europea de la Universidad Rey Juan Carlos. “Bolonia pretende homologar la forma de enseñar y los contenidos. Todo lo que vaya en la idea de uniformarnos y parecernos a Europa en términos generales es beneficioso. Pero ahora nos toca cambiar el chip. Los alumnos son más participativos y los profesores deben implicarse más con las actividades extras”.

Sin embargo, la adaptación al Espacio Europeo también ha provocado el llamado movimiento antibolonia que se ha extendido por toda la geografía española. No ha habido semana sin manifestaciones, huelgas, sentadas o bloqueos a profesores para quejarse de la supuesta privatización y el deterioro de los títulos que conlleva el nuevo modelo. Fernando Savater ha escrito que “la sustitución de las licenciaturas por grados es justamente una degradación de los estudios y de las titulaciones; o sea, que los graduados de mañana sabrán menos que los licenciados de hoy y tendrán un título que les abrirá menos oportunidades laborales”.

La mayoría de los profesores denuncian la falta de debate a la hora de aplicar el nuevo modelo y reclaman que no haya más recursos para renovar los campus, ya que una reforma sin apoyo financiero sólo puede reducirse a un cambio de nomenclatura.

“Es muy complicado implantar Bolonia en carreras con sobrecarga de matrículas”, explica Álvarez Monzonzillo. “Evidentemente, para hacer evaluación continua del trabajo de los estudiantes, necesitamos aulas con menos alumnos y eso al final es dinero, y el dinero sale o bien de impuestos o bien de las matriculaciones. Yo entiendo que ahora mismo aprobar una subida de presupuestos de las universidades de forma importante generaría un debate social. No voy a echarle la culpa al Ministerio ni a la Comunidad de Madrid porque sé que estamos en una crisis, pero para hacer bien lo de Bolonia se necesita más presupuesto”.

Fuente: http://www.intereconomia.com