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05-11-2010

Profesiones del futuro

Artículo de Opinión: Adolfo Sánchez Burón. Vicerrector de Investigación de la Universidad Camilo José Cela

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¿Cuáles son las profesiones del futuro? ¿Aparecerán nuevas, desaparecerán otras? ¿Qué demandas surgirán en las empresas que en la actualidad sólo pueden vislumbrarse? ¿Las carreras actuales responderán a dichas demandas? ¿El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se está estructurando en función de éstas y otras previsiones? Para un alumno que empieza hoy, ¿qué titulaciones serían más aconsejables para encontrar trabajo en 2020?

Éstas y otras preguntas suelen surgir cuando se comienza un curso caracterizado por el cambio bajo la denominación de EEES, o más comúnmente conocido como proceso de Bolonia. Un alumno que se plantea iniciar estudios universitarios se encuentra con un mapa de titulaciones cada vez más diferente al que podía encontrarse otro alumno no hace más de cinco años, donde las carreras tradicionales van conviviendo (cuando no, dejando paso) con otras de marcado carácter innovador (diseño de videojuegos o de moda…).

Estos mapas de titulaciones se supone que responden a un elenco de circunstancias que confluyen en la actualidad para provocar una reestructuración del escenario profesional futuro, y la primera circunstancia que condiciona las demás es la necesidad de partir de un análisis global, abandonando planteamientos localistas que podían guiar adecuadamente decisiones vocacionales en años pasados. Los alumnos (y, consecuentemente, los profesionales futuros) deben ser globales, deben poder competir en mercados cada vez más amplios y saber comunicarse con ciudadanos con diferentes culturas; en definitiva, la capacidad de adaptación será una de las competencias más demandadas.

Otro de los elementos que condicionan la evolución del mundo actual es, evidentemente, las nuevas tecnologías, internet (y la denominada web 2.0), todo en el ámbito de la sociedad de la información. Las tradicionales profesiones relacionadas con este sector (analistas de sistemas, programadores, gestor de redes, etc.) seguirán teniendo una elevada capacidad de integración en el mundo laboral, pero además se abrirán nuevas oportunidades en sectores saturados, y que se verán claramente afectados por estas corrientes imparables de innovación. Así, no será raro -como ocurre ahora- ver en el mundo de la educación a profesores virtuales manejando avatares en su docencia, asesores de imagen personal o de marcas corporativas gestionando cuentas en Twitter o Facebook, analistas financieros trabajando a nivel global con ciudadanos de cualquier lugar del mundo, o periodistas publicando en medios virtuales cada vez más segmentados.

En un mundo donde diariamente desaparecen especies de animales, bosques e, incluso, el calentamiento del planeta pone en riesgo la subsistencia del ser humano, las profesiones relacionadas con el medio ambiente tendrán un protagonismo indiscutible, apareciendo posiblemente otras: policías de clima, gestores globales de recursos ambientales y de cambio climático o creadores de microclimas artificiales para que contrarresten circunstancias ambientales críticas. A este grupo tendrán que añadirse la utilización y optimización eficiente de energías renovables.

El cuidado de la salud será otro de los focos de mayor interés laboral en futuras décadas, no sólo por lo que se relaciona con su carácter curativo (como las profesiones ya tradicionales de medicina, enfermería, farmacia, etc.) sino especialmente las que tienen que ver con su carácter preventivo que plantean como objetivo mejorar la calidad y las condiciones de vida de las personas. En este campo, profesiones ya emergentes juegan un papel importante: nutrición, psicología, entrenador personal para una vida física saludable, y las derivadas del ámbito de la gerontología, debidas al incremento de la esperanza de vida en países desarrollados.

Por último, cabría destacar las nuevas especialidades integradas en el área de la salud que cobrarán mayor protagonismo, como resultado de los avances alcanzados en la actualidad, como son la biotecnología, la nanomedicina o la medicina genómica, entre otras, y que posibilitarán un enfoque personalizado de las aplicaciones farmacológicas ajustadas a las características genéticas de las personas.

Éstas pueden ser las líneas profesionales del futuro, teniendo un horizonte temporal entre 10 y 15 años. Por supuesto, cabría hablar de otras posibilidades como las relacionadas con la animación y el ocio (incluidas las opciones de viajes espaciales, videojuegos en 3D, etc.). Lo que parece claro es que la evolución tan drástica y, en algunos casos, caótica de la realidad, no parece que depare un futuro estable y predecible. En cualquier caso, puede decirse que algunos ámbitos tendrán una apertura de novedosas demandas profesionales y, en otros, las posibilidades estarán más relacionadas con nuevos roles en sectores tradicionales; pero no debemos olvidar que el mayor indicador de éxito suele estar relacionado con seguir un plan vocacional que parta de los intereses de los futuros alumnos universitarios.

Adolfo Sánchez Burón. Vicerrector de Investigación de la Universidad Camilo José Cela

 

Fuente: http://www.cincodias.com