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05-03-2015

Másteres, nuevos reinos de taifas

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La especialización gana un mayor peso en la educación superior tras la norma de flexibilización del sistema universitario que está en marcha, sobre todo en aquellos campus que establezcan la fórmula 3+2, carreras de tres años y másteres de dos, por esa necesidad creada de completar la formación generalista con un posgrado. Aunque su aplicación es voluntaria, los grados condicionan ahora los másteres, lo que implica otro ajuste tanto en la duración como en el contenido.

La mayoría de las universidades privadas acogen la reforma con prudencia y expectación. Hace apenas cuatro años que el modelo cambió para converger con el europeo (el Plan Bolonia implanto la fórmula 4+1) y los resultados no se han evaluado todavía. Los campus no están por completo en contra, pero sí cuestionan la forma y el momento de adopción. Consideran que otro cambio en tan poco tiempo genera confusión e inestabilidad en la oferta académica, al obligarles a modificar con urgencia sus programas.

“La reforma será, quizá, más profunda, pues refuerza la especialización, reequilibra los pesos entre grado y máster, medidos en créditos europeos, y enfoca los posgrados hacia la empleabilidad y demandas del mercado”, afirma Begoña Blasco Torrejón, vicerrectora de Ordenación Académica y Posgrados de la Universidad CEU San Pablo.

La mayor coherencia entre grados y posgrados constituye así la tarea fundamental, según la rectora Águeda Benito, de la Universidad Europea. ¿Cuál es el método adecuado? ¿3+2?, ¿3+1+1?, ¿4+1? ¿En qué carreras es necesario? ¿Cuál es el impacto económico, en la calidad y el mercado laboral? Son algunos de los interrogantes.

“Lo principal es evaluar los grados y, después, modificar los másteres. Primero, analizar la calidad de la oferta formativa; segundo, el mejor esquema para encontrar trabajo y tercero, la internacionalización de los estudios”, opina Josep Maria Garrell, rector de la universidad catalana Ramon Llull. Por eso, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), que agrupa 26 centros privados y 50 públicos, anunció a principios de febrero la moratoria de la reforma hasta 2017. Pero su cumplimiento dependerá, finalmente, de las comunidades autónomas, que son las responsables de las competencias en materia educativa.

Libertad de adaptación

No todos los másteres son susceptibles de modificación. Depende de cada universidad y disciplina. “En Comunicación, Diseño o Turismo es mejor un 3+2 que un 3+1, con posgrados más profundos. Esto sería impensable en las reguladas, como en Ciencias de la Salud e Ingeniería, que exigen un grado de cuatro años y un máster de dos. Hay dudas también en Derecho, pero lo ideal es 4+1”, propone Benito, de la Europea.

Es un momento de incertidumbre. Los centros han abierto un proceso de diálogo con empleadores, expertos y colegios para analizar el impacto del ajuste. “No hay ninguna obligación de que sea 3+2, sino que puede ser 3+1 o 3+1+1”, indica el rector Eduardo Nolla, de la madrileña Camilo José Cela, la única privada que se opuso al retraso de la norma y que trabaja en la renovación de su oferta académica para el curso 2015-2016.

Algunas entidades avisan de que la reforma no afectará a sus posgrados. “Desde hace muchos años mantenemos másteres de dos años y de un año y medio cuando la moda en España era pasar a los de uno”, señala Francisco López-Jurado, vicerrector de Ordenación Académica de la Universidad de Navarra, quien tampoco augura cambios en la escuela de negocios IESE.

Efectos a largo plazo

Mientras, la Pontificia de Comillas apunta que no habrá un efecto inmediato ni directo, aunque sí en el largo plazo, una vez implantados los grados de tres años: “Tal vez se aumente la duración de los másteres, sobre todo, los de índole investigadora, académica y, probablemente, los de carácter habilitante”, avanza Antonio Obregón García, vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado.

La reforma suscita la convivencia de varios modelos de posgrados, con la misma duración (de uno o dos años) y carga de créditos (entre 60 y 120) y la configuración de másteres concretos para completar la formación de tres años, concluye Eugenio Lanzadera, secretario general de la Universidad a Distancia de Madrid.

Los cambios dependerán de las decisiones de las universidades. Pero, también, de las autonomías y de la agilidad en la aprobación de las modificaciones en el sistema por parte del Ministerio de Educación y de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación.

Fuente: El País