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08-07-2010

Los recortes amenazan con dejar a medias el Plan Bolonia

La UMA implantará los grados el próximo curso sin solucionar la masificación de las aulas y con falta de profesores

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La plena implantación del Plan Bolonia en la Universidad de Málaga (UMA) no podía producirse en peor momento. La maquinaria de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) arrancó en las universidades españolas hace cinco años, cuando la situación económica era más favorable. Desde entonces, las facultades han trabajado para adecuar sus planes de estudio al nuevo marco y se han llevado a cabo experiencias piloto en muchos centros. De hecho, ocho facultades malagueñas ya adelantaron a este curso su incorporación a los requisitos europeos. Pero su integración completa, que culmina el próximo septiembre con la llegada de los nuevos grados a todas las facultades de la UMA, coincide con recortes presupuestarios en todos los ámbitos que amenazan con dejar las intenciones de Bolonia a medias.
El primer escollo está en la ratio de alumnos por profesor. Uno de los propósitos del marco europeo sobre el papel era fomentar el aprendizaje activo por parte de los alumnos para mejorar la calidad de la enseñanza. Se acabaron las tediosas clases magistrales en las que los estudiantes tomaban apuntes para plasmarlos a final de curso en un único examen. Ahora se exige a los universitarios que participen en el aula, ayudados de los profesores, que tendrán que impartir explicaciones dinámicas.
Pero para eso, es indispensable acabar con la masificación de las clases y crear grupos más reducidos que permitan una relación más cercana entre docente y alumno. El Plan Bolonia marcaba un límite de 65 personas por aula en los grupos grandes y de 25 en los pequeños, más orientados al trabajo práctico o en laboratorios. La vicerrectora de Ordenación Académica de la UMA, Ana Lozano, manifestaba hace unos meses que la Universidad iba a ser escrupulosa con el cumplimiento de esta medida. Pero, según las facultades y escuelas universitarias consultadas por este periódico, estas cifras no podrán cumplirse en muchas de las titulaciones para el próximo curso.
 
Mayor participación
En la facultad de Derecho, por ejemplo, se mantienen las aulas con más de cien personas, aunque no durante todas las horas de clase. En septiembre, en primero de Derecho contarán con cuatro grupos de 110 alumnos cada uno, que se subdividirán en tres clases de menor tamaño para las asignaturas que requieran mayor participación. Pese a todo, la decana Yolanda García, asegura que con un nuevo grado (Criminología) y seis posgrados, la utilización del espacio disponible en el edificio estará al 100%.
Mientras, en Medicina, mantendrán un grupo grande de 170 estudiantes que se subdividirán luego en diez pequeños núcleos de trabajo para los laboratorios. «No podemos desdoblar el grupo grande pero a cambio tendremos más de los pequeños de lo que nos exige Bolonia», indica José Pablo Lara, vicedecano de Ordenación Académica de Medicina, que hace mención a «cierta flexibilidad que los centros tienen para fijar el número máximo de personas por clase». Lo mismo ocurre en Filosofía y Letras, donde el decano, Sebastián Fernández, indica que no tendrán más remedio que abrir la mano a clases más numerosas. Otros centros, sin embargo, sí han podido encajar los grupos a los números europeos. Es el caso de Industriales, Ciencias de la Educación o Económicas, entre otros, que sí contarán con menos de 65 alumnos por clase.
Dicha flexibilidad viene reflejada en las instrucciones que la Universidad fijó en el Plan de Ordenación Docente que se aprobó el pasado mes de mayo. «En este documento se abre la veda para que cada facultad, 'en virtud de sus posibilidades', fije el número de alumnos por aula, así que, a efectos prácticos, elimina la obligatoriedad de mantener la ratio a menos de 65 alumnos por profesor», señala Francisco Vila, representante del sindicato CSI-F y presidente de la junta de Personal Docente Investigador (PDI). «Es imposible fomentar la participación del alumnado y una atención personalizada por parte del docente con clases de más de cien alumnos como las que seguiremos teniendo el próximo curso en Psicología», señala Patricia García Leiva, profesora de esta facultad y miembro del sindicato CC OO. 
Política de coste cero
La falta de espacio, pero sobre todo, la falta de contratación de nuevos profesores, es lo que impide en muchos casos mantener esa ratio. «Pretenden hacer la implantación de Bolonia a coste cero», dice Vila. «Ya nos han dicho que por ahora no habrá nuevas contrataciones, aunque serían necesarias para atender a un mayor número de grupos», indican desde las facultades consultadas. En cuanto a la falta de espacio, muchas facultades esperan aún obras este verano para subdividir aulas y crear espacios más reducidos.
Es más, el documento de Ordenación Docente también limita las sustituciones de las bajas por enfermedad que se produzcan el próximo curso. En años anteriores, se exigía una carga docente del departamento implicado del 85% para contratar a un sustituto, siempre que la baja fuera para más de un mes. Para el próximo curso, la carga docente tendrá que ser del 100%.
A pesar de las críticas, desde el vicerrectorado de Ordenación Académica, señalan que la adaptación de la UMA a Bolonia se está haciendo correctamente a pesar de las circunstancias. «Las facultades han trabajado mucho para presentar a tiempo sus planes de adaptación», indica Patricia Benavides, directora de Grados. Aunque reconoce que «sin la crisis y con más recursos, estaríamos mejor». 
Optimizar recursos
En cuanto a la ratio, Benavides recuerda que en el caso de desdoble de clases, Bolonia permite subir la ratio de 65 alumnos por aula a 72 y que, de media, la UMA conseguirá ceñirse a estas cifras. En cuanto a la falta de profesores y espacio, señala que con Bolonia la UMA va a optimizar al máximo todos sus recursos. «Ya no vamos a ver aulas vacías en las facultades; muchas abrirán más temprano y cerrarán más tarde y las aulas siempre estarán aprovechadas por algún curso», dice. En cuanto a los docentes, admite que tendrán más carga de trabajo, pero siempre dentro de las ocho horas lectivas a las que están obligados a la semana. «En algunos casos, no tenían completas esas horas docentes y ahora se acercarán más», indica.
«Creemos que todo el esfuerzo va a recaer sobre todo en el profesorado, y que será la buena voluntad de los docentes lo que consiga hacer funcionar o no el Plan Bolonia», indica Francisco Vila. Desde algunos sindicatos, piden un retraso en la aplicación de Bolonia hasta encontrar una coyuntura mejor. Pero la maquinaria de la adaptación europea no tiene visos de frenar. Parece que los cambios que prometía Bolonia entrarán en todas las facultades malagueñas en septiembre en lo que se refiere a un cambio en la forma de enseñar, de evaluar a los alumnos. Más clases prácticas, más trabajos propios del alumno, estudiantes más autodidactas y mayor orientación al mercado laboral. Pero en lo que se refiere a infraestructuras, todavía queda mucho por hacer.
Fuente: http://www.diariosur.es