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13-01-2010

Los cambios que trae Bolonia

La regulación común busca equiparar los sistemas de enseñanza nacionales y crear un flujo de estudiantes entre los países

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  • Las universidades vascas se preparan para la convergencia educativa europea el próximo curso.
El proceso de Bolonia traerá muchos cambios a las universidades vascas. Algunos serán para bien y otros, quizá no. Sólo el tiempo lo dirá. Pero lo que está claro es que el sistema académico conocido hasta ahora será diferente a partir del curso 2010-2011. El nuevo Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se implantará el próximo curso en 46 países, con varios objetivos: regular de forma equivalente todos los estudios superiores, equiparar el sistema de créditos entre los diferentes sistemas nacionales de enseñanza y lograr un «flujo de alumnos» entre las naciones, de manera que cursen con más facilidad parte de sus estudios fuera de sus países de origen.
Bolonia, en realidad, comenzó en París en 1998. Aquel año, los ministros de Educación de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido se reunieron en la capital francesa con el objetivo de crear un «área europea abierta a la educación superior que permita acabar con las fronteras y desarrollar un marco de enseñanza y aprendizaje». Surgió así la 'Declaración de La Sorbona', el preámbulo del proceso de Bolonia. Un año más tarde, 29 países europeos firmaron en la localidad italiana el nuevo plan, que se bautizó con el nombre de la ciudad transalpina. Apenas llegaba a dos folios de extensión en los que se profundizaba más bien poco. Fue, en cambio, el impulso definitivo del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Un lugar en el que profesores y alumnos puedan moverse libres de barreras.
Hasta ahora, todo español que acaba la carrera se convierte automáticamente en diplomado o licenciado. Pues bien, esto cambiará. El curso que viene todos las carreras pasarán a llamarse 'grados'. Es la primera y principal diferencia que traerá Bolonia a Europa. La razón para el cambio es bien sencilla: el modelo actual supone un gran problema a la hora de reconocer los estudios entre los países europeos. Una licenciatura de cinco años en la UPV, por ejemplo, puede ser de tres en Francia o de cuatro en Irlanda. Es decir, las mismas carreras tienen distinta duración en diferentes estados. Según Carmen González-Murua, vicerrectora de Ordenación Académica de la UPV, «es muy importante que todos los alumnos tengan que realizar el mismo esfuerzo», sea el país que sea.
De todas formas, no todos los grados serán iguales. De hecho, dependerá de cada universidad la elección de la duración de sus estudios, pero no podrán salirse de unos parámetros. La gran mayoría se prolongarán durante tres años (en la mayor parte de países europeos) o cuatro (en España). Hay excepciones. Todas aquellas relacionadas con las ciencias de la salud y arquitectura son diferentes. Medicina pasará a ser la más larga de todas con 6 años; para graduarse en Farmacia, Odontología y Veterinaria habrá que cursar cinco años académicos; y, por último, un arquitecto, después de haber aprobado su grado de cinco años, tendrá que hacer el proyecto de fin de carrera.
El asunto se complica si se habla de las ingenierías. En la UPV, un ingeniero tendrá que completar un grado de cuatro años. Pero no todo acaba ahí. Si quiere ejercer, deberá cursar un año más obligatoriamente. Es decir, lo que antes eran cinco años de licenciatura, se convertirán en cuatro más uno de máster. Será en este último donde adquirirá todas las competencias propias de su profesión. Estudiar la carrera superior, por lo tanto, supondrá adquirir dos títulos, aunque esto parece no gustar a algunos sectores.
Tanto el Colegio de Arquitectos como el de Médicos han mostrado su desacuerdo con algunos de los puntos de Bolonia. Así lo explicaba Juan Gondra, vicepresidente del Colegio de Médicos de Vizcaya: «Si un estudiante de Medicina necesita seis años para poder conseguir el grado, no veo justo que un ingeniero, en cinco años, pueda obtener un grado y un máster. Es un agravio». De lo mismo se queja el Colegio de Arquitectos, que exige al Gobierno que «el único título que dé acceso a la profesión de arquitecto sea un grado de 5 años, pero que tenga el mismo nivel académico que el de los ingenieros». Es decir, que en 5 años (más uno de proyecto) los estudiantes salgan con un grado más un master.
Créditos y evaluación
El sistema de créditos y de evaluación también variará. A partir del curso que viene se cambiará la manera de impartir las clases y también el método de calificar al alumno. «La nueva filosofía de créditos busca dos objetivos. Por una parte, conseguir una homologación de los títulos a nivel europeo, y por otra, cambiar el punto de vista en cuanto a la evaluación de los estudiantes se refiere», comenta Itziar Alkorta, vicerrectora de Calidad e Innovación Docente de la UPV.
Desde Europa se plantea lo siguiente: un curso se dividirá en 60 créditos ECTS (European Credit Transfer System), y un crédito oscilará entre 25 y 30 horas (dependerá de cada universidad cuantas elige y cómo las reparte). No todas serán presenciales. Aquí está la principal diferencia entre el antiguo método y el que propone Bolonia. La UPV, por ejemplo, ha decidido dividir las 25 horas de la siguiente manera: 10 serán presenciales (en el aula, con profesor), y 15 se reservarán para trabajo exclusivo del alumno, ya sea individualmente o en grupo. «El auténtico cambio en cuanto a cultura docente se encuentra aquí», explica Alkorta. Y no es para menos. El profesor se verá obligado a controlar la mejora diaria del alumno. González-Murua aclara este punto: «Bolonia supone una mayor implicación por parte del profesor. Aparte de dar su clase normal, tendrá que repartir trabajos para que los alumnos puedan adquirir los conocimientos con técnicas diferentes. Aprenderán de una manera más autónoma». Es, por lo tanto, una evaluación continua.
¿Qué es lo que en realidad se busca? González-Murua lo tiene claro: «Que cualquier persona pueda elegir su centro de formación, esté en el país que esté. Un alumno podrá cursar el grado en Euskadi, hacer un máster en Irlanda y el doctorado en Dinamarca, por ejemplo. Y, además, se le reconocerán todos los estudios». Se conseguirá así, augura, un «flujo de estudiantes que va y viene. Y esto es estupendo».
Fuente: http://www.elcorreodigital.com