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22-09-2009

La falta de dinero limita los cambios del plan Bolonia

Las universidades arrancan su primer curso con la reforma en marcha

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Adiós a las licenciaturas, a las diplomaturas y a las ingenierías. Ahora son, simplemente, grados. Ayer, las universidades gallegas se subieron definitivamente al tren del plan Bolonia, una especie de interraíl europeo cuyo recorrido se vislumbra, al menos en España, controvertido. Todo empezó en 1999, cuando 29 países firmaron la llamada Declaración de Bolonia. El nombre de la universidad más antigua de Europa sirvió para aunar dos objetivos: facilitar el intercambio de titulados y adaptar el contenido de los estudios universitarios a las demandas sociales. En la práctica, el llamado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se traduce en la estructuración de los estudios en tres niveles (grado, máster y doctorado) y en la articulación de los programas en créditos europeos (ECTS) que, además de las horas de clase, incluyen el trabajo personal de los estudiantes.

Los jóvenes que ayer comenzaron la universidad en Galicia se enfrentan a un nuevo modelo que, desde antes de empezar a implantarse en algunas titulaciones el curso pasado, ha recibido críticas en toda Europa. El movimiento antibolonia en España, cuyos núcleos de protesta están en Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, desconfía de que la reforma mejore la enseñanza post-obligatoria y augura que los cambios buscan una progresiva política de mercantilización de la universidad.

A pesar de que el plan Bolonia empezó a andar el año pasado, el modelo sigue recibiendo críticas y generando enfrentamientos entre la comunidad educativa. El motivo: la falta de recursos de los centros, que no tienen presupuesto suficiente para afrontar la adaptación al nuevo EEES. El vicerrector del servicio de oferta docente de la Universidad de Santiago, Máximo Plo, está convencido de que Bolonia "beneficiará a los estudiantes" aunque la financiación "sólo llegue para alcanzar el 70% de los objetivos del plan". En cambio, para Manuel Obelleira, del Sindicato de Estudantes, Bolonia es simplemente "una patraña, una mentira, que no traerá ningún cambio a mejor".

Polémicas al margen, ¿qué les espera a los más de 70.000 estudiantes que ayer empezaron las clases en las universidades gallegas? ¿Cómo les influirá el plan Bolonia? Lo que sigue es un manual con las principales modificaciones que introduce el nuevo Espacio de Educación Superior.

- Desaparecen las licenciaturas. Y las diplomaturas. Y las ingenierías. Las nuevas titulaciones del plan Bolonia consistirán en un primer ciclo de carácter genérico, de tres a cuatro años, llamado Grado -26 en A Coruña, 23 en Vigo y 28 en Santiago- y un segundo ciclo, de uno o dos años, para la especialización, el Máster -41 en A Coruña, 65 en Vigo y 63 en Santiago-. Algunas carreras, como Medicina, Veterinaria, Farmacia o Arquitectura, mantienen su duración, pero la mayoría pierden un año.

- No basta con ir a clase. La vara de medir el rendimiento de los alumnos en el plan Bolonia se llama Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS). No sólo contabiliza las horas de clases teóricas, sino también los trabajos que hace el alumno en casa o en horas de seminario. Antes, el crédito ECTS correspondía a 10 horas y medía conocimientos mínimos. Ahora, equivale a 25 horas de trabajo dedicado a una asignatura. Cambia la filosofía. Ejercicios en grupo y prácticas en el aula toman el relevo de las tradicionales clases magistrales. "Antes la enseñanza estaba centrada en el profesor", cuenta Plo, "ahora el estudiante es el protagonista". Pero el trueque no es del gusto de todos. El catedrático de Derecho Administrativo y profesor en la Universidad de Santiago, Enrique Gómez Reino, no piensa cambiar sus clases. "La mayoría de catedráticos de Derecho de España hemos firmado un manifiesto antibolonia, junto con nuestros colegas italianos, franceses, alemanes e ingleses. La formación teórica es básica, así que en Derecho, Bolonia no va a tener ningún éxito", concluye.

- Más grupos con menos alumnos. El objetivo del Plan Bolonia es que los cursos de cada grado agrupen sólo a diez estudiantes. El número de grupos aumenta, pero el cuadro de profesores se mantiene intacto. Con el Estatuto del Profesorado negociándose en Madrid y a falta de un nuevo Plan de Financiación para afrontar Bolonia el próximo curso, las universidades gallegas se ven obligadas a recortar sus horizontes. "Los grupos no podrán ser de diez personas, tendrán que ser más amplios", concede Plo. El Sindicato de Estudantes entiende que, de esta manera, "se recortan plazas y se dificulta la entrada a la universidad".

- Evaluación continuada. Aprobar el examen final no significa aprobar la asignatura. La asistencia a clase es prácticamente obligatoria porque el profesor hará un seguimiento diario del trabajo personal del alumno mediante evaluaciones continuas.

- Cambio en el calendario. El curso empezó ayer y terminará el 30 de julio. Los exámenes se harán al final de cada cuatrimestre, en febrero y en junio

Autora: Anna Flotats

Fuente: http://www.elpais.com