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Noticias

11-05-2009

Interrogantes en torno a Bolonia

Artículo de Opinión: José M. Domínguez Martínez *

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Hoy día, sería verdaderamente difícil encontrar a alguien ajeno a la comunidad universitaria que no haya oído hablar del Plan Bolonia y del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), ambicioso proyecto que arranca de los acuerdos adoptados por los países de la Unión Europea (UE) en el año 1999. Son muchas las cuestiones que surgen en relación con dicho proyecto y con la enseñanza universitaria en general. Sin pretender realizar un repaso exhaustivo, en estas líneas se recogen simplemente, a modo de reflexión, algunas preguntas que pueden suscitarse, partiendo del reconocimiento de que las formula alguien desde la limitada altura que proporciona el entarimado de un aula, y que no dispone de otras perspectivas más elevadas e informadas:
1. La importancia concedida por la UE a la educación universitaria parte de la constatación de que en este ámbito radica parte de la explicación de las diferencias de actuación económica entre Estados Unidos y Europa. Han transcurrido ya diez años desde la declaración de Bolonia. Si se trataba de una cuestión estratégica, ¿no debería haberse dado un mayor impulso con carácter general? ¿Por qué algunos países renuncian a la aplicación del Plan en relación con determinadas titulaciones?
2. Si el EEES representa la adaptación a un nuevo esquema de enseñanza, ¿no sería lógico que todas las titulaciones la llevaran a cabo? ¿Qué razones hay para que, en España, algunas queden al margen del proceso?
3. Uno de los pilares del EEES es la aplicación del sistema de crédito europeo como forma de cuantificar el haber académico, a fin de tener en cuenta todas las actividades ligadas a la formación (realización de trabajos, prácticas, horas de estudio...) y no sólo las horas estrictamente lectivas, pero esto implica, en principio, una cuestión meramente contable: todo lo que se computaría explícitamente siempre ha formado parte, con las diferencias derivadas de los enfoques metodológicos seguidos, del proceso formativo. ¿Conlleva automáticamente un cambio en el sistema de cómputo una transformación en los métodos de enseñanza/aprendizaje efectivos?
4. Si uno de los objetivos básicos del plan Bolonia es crear un espacio universitario integrado, ¿no tendría sentido que los contenidos básicos de las titulaciones, sobre todo en el primer ciclo, fuesen comunes en toda Europa? ¿Es razonable que el perfil curricular, por ejemplo, de un economista pueda diferir en función de las preferencias locales?
5. La Universidad no tiene como función exclusiva la formación de profesionales que han de incorporarse al mercado de trabajo. Ese principio parece bastante claro, pero eso no significa que la institución universitaria pueda permanecer ajena a los requerimientos cambiantes del sistema productivo. ¿Cumple adecuadamente esa función? ¿Debe ser un título universitario suficiente para una plena e inmediata incorporación al mercado laboral? ¿Lo es en la práctica? ¿Tiene relevancia real el fenómeno del subempleo? ¿Y la necesidad de formación postuniversitaria para lograr un puesto de trabajo cualificado?
6. Los estudios económicos revelan que la educación universitaria tiene una serie de beneficios sociales, pero constituye, ante todo, una inversión individual muy rentable. ¿Qué implicaciones debe tener este hecho desde el punto de vista de la financiación?
7. Una cosa es el coste explícito que pueda tener un servicio y otra bien distinta de dónde deban proceder los recursos para afrontar dicho coste (financiación privada, becas, préstamos...). ¿Por qué existe una tendencia a no separar esos dos aspectos diferentes?
8. La aplicación de un modelo educativo centrado en la tutorización personalizada exige unas condiciones determinadas de dimensión de los grupos de docencia y de dotación de recursos. ¿Es viable el modelo con los medios actuales? ¿Deberían buscarse fórmulas eficientes para los alumnos que, pese a estar matriculados en Universidades presenciales, no desean asistir a las clases impartidas?
9. ¿Cómo debe articularse de forma idónea el equilibrio entre las vertientes docente e investigadora? ¿Debe ahondarse en la especialización entre docentes e investigadores? ¿Es lógico que los considerados mejores investigadores vean reducidas sus obligaciones docentes?
10. Existe una demanda significativa de especialistas en algunas ocupaciones que requieren un conjunto de conocimientos y habilidades actualmente no impartidos de forma coordinada y sistemática en la Universidad, como ocurre, por ejemplo, en el caso del asesoramiento financiero. ¿Por qué existe un rechazo de algunos beneficiarios potenciales a organizar este tipo de enseñanzas en el seno de la propia Universidad, lo que evitaría que tener que recurrir a otros vías de oferta?
En fin, los anteriores no agotan los interrogantes que se suscitan en relación con el proceso de reforma de la enseñanza universitaria, ya que se plantean otros muchos de gran calado (¿ha demostrado el modelo departamental ser óptimo, frente al de Facultad, para la coordinación de los contenidos de los programas y la asignación eficiente de los recursos humanos y materiales?, ¿es eficaz que la figura del profesor integre una serie de funciones verticales independientes, como la docencia y el establecimiento de los estándares de evaluación?).
Recientemente, en la presentación de su nuevo gabinete, en el que las Universidades vuelven a cambiar de ubicación orgánica, el Presidente del Gobierno español repitió varias veces la palabra educación a fin de enfatizar su importancia para superar los retos actuales de la sociedad española. Ya hace años, Tony Blair marcó una pauta gubernamental al respecto ("pregúntenme por tres prioridades para el gobierno y les diré: educación, educación y educación"), aunque tuviese luego que alojar entre éstas otras inquietudes.
Ciertamente, todo el mundo parece tener clara la relevancia estratégica de la educación, en general, y de la universitaria, en particular. Más opinable es, sin embargo, si con las medidas adoptadas se está sacando el máximo provecho de los recursos disponibles, y si se va a entrar en una senda real de empleabilidad de los titulados universitarios de cualquier país europeo o si, por el contrario, ese objetivo exigiría otras actuaciones que garantizaran unas mayores dosis de coordinación y homogeneización efectivas.

* Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga

Fuente: http://www.laopiniondemalaga.es