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16-04-2009

Hoy más que nunca, la sociedad del conocimiento necesita las Humanidades, y no es un brindis al sol

El astrofísico que forma parte del Grupo de Seguimiento del 'plan Bolonia' y que recientemente participó en el debate impulsado por la Escuela de Formación Tomás y Valiente de Vitoria en colaboración con DNA, analiza la adaptación universitaria desde una

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Bolonia ya está aquí. ¿Qué nota le pone al proceso de adaptación de la universidad española?
Somos de los países que más se ha retrasado en la incorporación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). La mayoría de los países ya han culminado la reforma, nosotros estamos en el último tramo. Pero ojo, siempre digo que 2010 -fecha límite- más que una llegada es un punto de partida. A partir de 2010 comienza el trabajo duro. Creo que estamos bien y si le tuviera que poner una nota le daría un siete.

Algún fallo habrá cuando muchas facultades están en pie de guerra.
No sé si son fallos. A muchos nos ha sorprendido porque llevamos años haciendo seminarios, charlas de divulgación e incluso experiencias piloto, por lo que esta oposición nos ha sorprendido, aunque creo que tiene su explicación.

¿Y cuál es esa explicación?
Se trata de la reforma muy ambiciosa y profunda, y cualquier cambio profundo despierta temores. La parte positiva de todo lo que está pasando es que, por fin, la universidad está en el debate social. Y lo negativo, quizás, es que no se ha sabido ver con tiempo que había muchos sectores que sabían que Bolonia estaba allí, que veían lejanos los cambios, y que la reforma les ha pillado a contrapié.

Los sectores contrarios achacan falta de trasparencia.
No lo creo que se haya dado. Ha habido falta de agilidad en trasladar la información a los estudiantes y a la sociedad. Estoy convencido de que los padres de Secundaria no sabían ni de qué hablábamos cuando hablábamos Bolonia, porque lo único que se ha visto han sido las últimas protestas, minoritarias, por otra parte. No desprecio las protestas, creo que el debate es bueno. Si el debate se produce en el ámbito de la reflexión, bienvenido sea, porque a nuestra universidad ya le hacía falta un proceso de reflexión que conduzca a un cambio que la adecue al mundo actual.

¿Comprende las manifestaciones estudiantiles?
No me preocupan los eslóganes que se lanzan de privatización y mercantilización. Comprendo que se piense que la universidad se va a privatizar, pero no lo comparto porque Bolonia es una apuesta por una universidad pública y de calidad. La legislación deja claro que a quien corresponde elaborar los títulos y los planes de estudios es a las universidades y lo están haciendo. Quizás, el problema es que la universidad está mirando mucho hacia adentro y poco hacia fuera, porque la universidad es patrimonio de la sociedad y no debería hacer propuestas que no tengan que ver con sus necesidades.

¿Cómo se explica que se pretenda homologar la enseñanza superior española a la europea y no haya una correspondencia económica con el gasto de los países de referencia ?
Tenemos un compromiso de ir aumentando los presupuestos año a año. Ahora bien, debemos de instar a que haya un acuerdo entre el Gobierno central y las autonomías. La financiación es un problema que se tiene que abordar, sin duda, pero creo que no se puede negar que el Gobierno central ha hecho un esfuerzo económico muy importante, subiendo los presupuestos en Educación, en Universidades e Investigación, en particular.

Pero es insuficiente, cuando España destina el 1,2% del PIB y los países de referencia el 2%.
Hay que mantener el ritmo de crecimiento. El compromiso es ir incrementando los presupuestos para reducir ese diferencial que, en algunos países, es muy elevado pero, en otros, está por debajo del 1,2% del PIB. No somos, ni mucho menos, los últimos en la financiación de la educación superior.

Puestos a compararnos, hagámoslo con los mejores, ¿no?
Sí, por supuesto. Por eso decía antes que para que las universidades puedan dar lo mejor de sí mismas debemos de tener muy claro el prepuesto. Nos queda aún mucho camino en el objetivo de colocar la financiación en la media del 2% del PIB de la OCDE en 2012. Tenemos que ser mucho más eficientes en la gestión de los recursos públicos.

Gestionar mejor para ofrecer una mejor oferta.
Bolonia da una autonomía a las universidades como nunca habían tenido para elaborar sus titulaciones y planes de estudios, pero la autonomía debe ir acompañada de una rigurosa rendición de cuentas. La universidad no debería pretender hacer propuestas sobre la nada. Debería hacer un análisis riguroso de qué fortalezas tiene y qué oportunidades, y en función de eso, hacer sus propuestas. Bolonia es una oportunidad para acabar con el sistema tan rígido que tenemos.

Habla de la rigidez del sistema, ¿la oferta está sobredimensionada?
En un momento dado había mucha demanda, pero en ciertas ramas ha ido decayendo. Es bueno que un país tenga muchas personas con formación superior, soy de los convencidos de que cuantos más titulados mejor para que un país avance rápidamente y se desarrolle. Lo que hay que hacer es redimensionar algunas clases magistrales y potenciar los trabajos en grupo.

¿Hay profesorado suficiente?
Hay universidades que tienen una ratio de 10-15 estudiantes por profesor, ya que en un momento dado se tuvo que contratar a mucho profesorado no investigador porque hubo mucha demanda en ciertas carreras. Si queremos integrarnos en la sociedad del conocimiento, los profesores tienen que investigar. Dudo que ningún profesor diga que no quiere cambiar porque está muy a gusto haciendo lo mismo que hace desde hace veinte años.

¿Qué se necesita para el cambio de metodología?
Se necesita que el profesor se sienta apoyado en su función. Las preocupaciones de Bolonia deben ir por demandar, efectivamente, que haya apoyo en la financiación, apoyo al profesorado y más becas.

¿Por qué se ha elegido el grado de cuatro años y no de tres como en otros países?
El acuerdo para entrar en el espacio europeo era tener entre 180 y 240 créditos en un primer ciclo. Nosotros hemos ido a 240 créditos, por tanto a cuatro años, porque entendemos que es un título más real. En segundo lugar, es muy difícil plantear la movilidad, una de las claves de todo esto, con tres años. Además puedes dar entrada a las prácticas y en la extensión de cada plan de estudio. Los países que han elegido los grados de tres años pervierten el planteamiento de Bolonia. En realidad lo que han hecho, en Inglaterra por ejemplo, ha sido partir la titulación de cinco años, en tres más dos.

¿Qué peso tendrán los másteres?
El máster no está ligado a un tipo de grado concreto, esto es un error. Hay un grado, y hay varias ofertas de másteres que pueden estar dentro de tu campo o no, lo que significa que puedes tener una especialización diferente. Otra cuestión son los precios. Hasta ahora, no había másteres oficiales; lo que había eran másteres privados y se implantaron en España oficialmente en 2006. Quienes autorizan esos precios son las comunidades autónomas y los precios pueden ir de los 3 euros por crédito a los 29 por crédito.

Bolonia está al servicio de la sociedad del conocimiento, un contexto en el que los países emergentes encabezan los mercados de alto valor añadido tecnológico. ¿Qué espacio hay para los estudios clásicos, las Humanidades son el precio de Bolonia?
Bolonia es una oportunidad para todos los campos de estudio. Permite que cada universidad analice sus propuestas y desde luego tienen como referencia las mejores universidades del mundo, y no he visto que éstas hayan prescindido de los títulos del campo de las Humanidades, al contrario. Creo que las Humanidades pueden verse potenciadas. Hoy más que nunca, la sociedad del conocimiento va a necesitar este tipo de estudios, y no es un brindis al sol, lo digo con toda honestidad.

Pero se están reduciendo las titulaciones de Humanidades en todas las facultades, en la de Letras de Gasteiz también.
Confundiríamos las cosas si pensáramos que esta reforma es un proceso con orientación tecnológica, porque tiene una orientación basada en el conocimiento, y el conocimiento no sólo es tecnología. La tecnología puede ser una herramienta, en todo caso, pero el conocimiento es mucho más profundo.

La baja demanda puede suponer la puntilla de algunas carreras.
Es un poco peligroso deslizar esas ideas porque no estoy muy convencido de que eso sea así. La cuestión es si hacemos títulos realmente adecuados al mundo actual, pero no podemos consentir que desaparezcan las carreras de Humanidades. Hay que plantear una buena oferta atendiendo a las fortalezas de cada facultad y analizando si la oferta está duplicada en universidades cercanas. Una solución podría ser crear alianzas con otras universidades.

Guillermo Bernabeu, representante de españa en el Grupo de Seguimiento de Bolonia
> Idoia Alonso

Fuente: http://www.noticiasdealava.com