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06-05-2009

Europa mueve los cimientos

El plan Bolonia obliga a olvidar el actual sistema metodológico, heredado de la tradición francesa, y recupera la filosofía anglosajona La adaptación de los espacios físicos dedicados a la nueva docencia es uno de los primeros pasos hacia la consolidación

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El primer paso hacia un cambio se sustenta siempre sobre una idea, ya fijada en este caso por lo establecido en Bolonia. Pero el segundo, y más importante, se configura de acuerdo con el modo en que lo planteado se lleva a la práctica. Aún queda un año para que el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se haya implantado por completo, pero el campus cántabro ya ha tomado medidas para trabajar la nueva metodología desde diversos frentes.
«Concretamente tres. España ha mantenido desde el siglo pasado un método didáctico basado en el modelo francés; pero Europa va hacia otro lado; un nuevo planteamiento que se acerca más al anglosajón». José Luis Ramírez, vicerrector de calidad de la UC resume en un único planteamiento el porqué unos Estados se verán obligados a realizar mayores esfuerzos en favor de una adaptación a lo acordado en Bolonia.
«Para alcanzar el cambio propugnado, debemos afianzar la adaptación en tres ámbitos: el reciclado de la mentalidad del profesorado, la readecuación de los planes de estudio y la articulación inteligente del espacio físico, acorde con las necesidades de la nueva enseñanza», anuncia.
En la primera de las cuestiones hay mucho camino recorrido gracias al correcto funcionamiento que han tenido los planes piloto. Y del mismo modo se ha contemplado la aprobación de los nuevos grados, a la espera de confirmar el beneplácito anunciado por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) para el resto de titulaciones. Sólo quedaría pendiente de respuesta el tercer ámbito, el espacio físico.

Cambios sustanciales 

«Fuera las mesas rígidas, porque no puedes plantear una actividad de trabajo en grupo. Si se va a hacer uso de las nuevas tecnologías, hay que equipar las aulas. Por eso es importante que todas las clases cuenten con al menos un ordenador, un proyector y una conexión a Internet», explica Ramírez.
En definitiva, se trata de una necesaria configuración de espacios. El problema: la arquitectura de los centros no contemplaba estos usos. «Y eso ha obligado a realizar un gran esfuerzo económico, que se ha prolongado desde el 2005, año en que surgió este vicerrectorado (de calidad), para actualizar todo aquello que se había quedado obsoleto», apunta.
Como objetivo principal se busca la funcionalidad. Lejos de la estética, la belleza o la simetría «lo importante es que la acústica sea buena, que haya luz, la temperatura sea adecuada en cualquier momento del año y las condiciones sean óptimas para el desarrollo de la docencia», recuerda Ramírez. La disyuntiva planteada en algunos de estos proyectos se resuelve de este modo, en favor del pragmatismo, y la medida viene corroborada por el cuerpo docente.
«Soy profesor titular de música y nunca he estado completamente agusto con la acústica de ninguna de las salas donde he trabajado. De cara al futuro me parece esencial cuidar esto, porque difícilmente alguien podrá seguir una clase desde el fondo si no escucha correctamente lo que explica el profesor», aduce Ignacio García.
La estampa de aula universitaria escalonada, inspirada en la geometría de un anfiteatro, ya no tiene ningún sentido. «Se han adecuado aulas, laboratorios, salas de informática, etc», matiza. La división literal de algunas clases permitirá atender a las nuevas necesidades, orientadas hacia la reducción de los aforos por aula, y al incremento de grupos de trabajo. Pero no se pueden hacer milagros.

Dentro de lo posible 

«Hay ocasiones en las que la obra resulta imposible, por lo costoso del proyecto, o incluso por la imposibilidad de que la arquitectura original del edificio pueda soportarla. Es el caso de algunas aulas construidas de manera escalonada, que han sido convertidas en salas de reuniones o en salones de conferencias», explica.
La inversión asciende a 1.500.000 euros desde el curso 2004-2005, en que los trabajos de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) comenzaron en su concepto más físico. «Desde ese primer curso, se hacen obras en Filosofía, Económicas, Industriales, Minas, Enfermería, Náutica y Derecho. Con el tiempo otras facultades y escuelas irían adhiriéndose al plan, aunque existen tres excepciones: Caminos, Educación y Medicina. «Mantienen la enseñanza tradicional y no han querido participar; aunque nos hemos visto obligados a intervenir en algún caso concreto por tratarse de necesidades inmediatas», justifica.
El nivel de actuación depende de las necesidades. «La Facultad de Historia es quizá la que más inversión ha requerido, probablemente porque las dificultades lo requerían, y por tratarse de uno de los centros que primero comenzó la andadura de la adaptación. En el caso particular de Ciencias, por ejemplo, contaba con una muy buena equipación, y la obra ha sido menor», matiza.
El camino está medio recorrido, y más cerca del final que del comienzo, para algunos la esencia del cambio no está tanto en la forma como en el fondo. Enrique Francés es profesor de Geodinámica en Geografía. Sostiene que el principal escollo que ha de superar la docencia del futuro es la reducción del número de alumnos por grupo, y que lo planteado en Europa quizá tampoco precisa de tantas modificaciones, con una excepción. «Los laboratorios. Ahí sí es necesario. La dotación de unos buenos centros de trabajo garantiza el correcto funcionamiento de las prácticas», detalla.
Fuente: http://www.eldiariomontanes.es