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22-02-2010

Espacio Europeo, lo que hay que cambiar

Los alumnos protestan por la excesiva carga de trabajo y los profesores confiesan que hay que mejorar la planificación de los planes docentes.

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 Las corcheras están vacías. Se ha hecho espacio para las listas de calificaciones, pero aún habrá que esperar. El saldo de la primera evaluación con el Plan Bolonia para los siete grados que funcionan desde este curso en la Universidad de Cantabria -Medicina, Fisioterapia, Geografía, Historia, Física, Matemáticas y Turismo- aún está huérfano de cifras, pero no de impresiones. Los planes piloto se acercaron a la metodología del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), pero la hora de la verdad destapa la verdadera cara del sistema. Los alumnos no encuentran horas para preparar los exámenes inmersos en la vorágine de trabajos que los ahogan durante todo el curso. Desde la dirección de los centros no se niegan las deficiencias. Afirman que es cuestión de planificación, y que la experiencia ayudará a mejorar la articulación de los planes docentes, concretamente para evitar la excesiva carga de trabajo.
«Ha sido un cuatrimestre duro. Pensábamos que la universidad era otra cosa», avanza Gustavo Bravo, en primero de Matemáticas. «Hemos tenido trabajos prácticos continuos y así es imposible llevar las asignaturas al día; no hay tiempo para estudiar». No es ninguna novedad, quizá sí para el alumno nuevo, el que estrena los grados de la UC, que había oído la historia de una universidad que desaparece lentamente, y que el año que viene -cuando se implante completamente la nueva metodología- sólo vivirá en el recuerdo. 

A tiempo completo
«Los créditos ahora miden el trabajo del alumno y esto requiere absoluta dedicación. Los exámenes y los trabajos prácticos son continuos y es algo a lo que van a tener que acostumbrarse». Consciente del hecho, Ernesto Anabitarte, decano de la Facultad de Ciencias, confiesa estar avanzando en una mejor coordinación de las materias para alcanzar un equilibrio en la carga de trabajo. Es quizá el mayor 'pero' del estudiante «si nos mandan trabajos sin parar y encima tenemos que acudir a clase de forma obligatoria, no sé cómo vamos a organizarnos, denuncia Diego González, en primero de Historia. «Todo esto es muy similar al instituto. Nos tienen encerrados como si continuaremos en Secundaria, pero en un centro diferente».
Las soluciones llegarán de arriba. «Haremos lo posible por evitar la saturación del estudiante. La coordinación es fundamental», explica Anabitarte. Se evitará así la posibilidad de que varias pruebas puedan coincidir la misma semana, o incluso que un trabajo práctico de peso pueda restar horas de estudio a un examen parcial en diferentes asignaturas.
«Desde el plan piloto trabajamos siempre con asignaturas cuatrimestrales y ahora se aplica atodas, incluidas las anuales. Los contratiempos que estamos pasando no van más allá de lo previsto. Es inevitable, necesitamos un tiempo de rodaje y esa respuesta del alumno para ir adecuando nuestro trabajo». Consecuencia de esta revisión se avecina un segundo cuatrimestre más ajustado, que buscará solución a otros problemas coyunturales.
«Tenemos asignaturas compartidas por físicos y matemáticos a las que se suma la complicación de tener un aforo con perfil diferenciado. No es lo mismo hablar de física, aunque sea a un nivel básico, para los matriculados en esa titulación que para los matemáticos que no han visto la asignatura en bachiller», justifica.
Sobre el sentir global de esta primera promoción que arranca en el campus europeo se tendrán datos en poco tiempo. El resultado intriga a Fidel Gómez, decano de la Facultad de Filosofía y Letras. «El proceso de evaluación de la calidad de la universidad tendrá disponibles los datos de las encuestas en breve, y podremos atender a esas demandas». 

Sin sorpresas
Por lo pronto, las impresiones no son malas. «Las calificaciones irán en la línea de años anteriores», vaticina Javier Llorca, decano de Medicina. «Pero aún es pronto para avanzar la calidad de un sistema educativo. Habrá que esperar años si se quiere tener una imagen fidedigna de lo que será el cambio y las consecuencias que tendrá», opina.
Entornos diferentes devienen en realidades diferentes. Filosofía y Letras sí contempla el cambio, aunque venga de atrás. «El perfil del alumno que llega a la universidad no es el mismo. No es algo que ocurra sólo en Filosofía y Letras. Otros centros también lo perciben. Quizá es un estudiante más lúdico, poco acostumbrado a mantener la atención en la clase», explica.
La crisis económica levanta barrearas en los mercados, prácticamente inaccesibles para la mano de obra inexperta «esto hace que la gente invierta en educación, y muchos jóvenes que dudaban entre comenzar una vida laboral o acceder a la universidad se decanten por las clases». Afirma que lo ideal sería un campus lleno de firmes vocaciones, «pero a la larga este planteamiento también puede ser fuente de oportunidades». Muchos de esos chicos no hubieran pisado el campus de no ser por la actual coyuntura, y algunos pueden descubrir una pasión académica que de otro modo hubiera pasado desapercibida.
«Por eso nos hemos pasado la mayor parte del primer cuatrimestre enseñándoles un sistema de trabajo». Todo es fruto del desfase con la Educación Secundaria, apoyada en extremo en las tecnologías, perfila un alumno desacostumbrado a mantener la atención cuando la clase se pone más teórica y el esfuerzo se centra más en el texto y menos en el audiovisual; «pero ya lo hemos logrado». 

Clases compartidas
Algunas medidas despiertan diferentes pareceres. «Algo de lo que estamos especialmente orgullosos es del curso que están tomando las clases en las que se unen grupos de ambas titulaciones: Geografía e Historia», recuerda Gómez cuando refiere a la nueva filosofía que marca los planes de estudios de los grados, más diversificados. Desde el pupitre hay discrepancias. «El plan de estudios es demasiado generalista. No damos casi geografía, todo está demasiado globalizado», protesta María Fernández, estudiante de Geografía en primer curso, cuando se encuentra con la demanda de otra compañera, María Fuente, en primero de Historia «Si se supone que hacemos evaluación continua estaría bien tener exámenes parciales. Todo son prácticas y al final no hemos tenido una aproximación a lo que será el examen final», critica con la esperanza de que, con el tiempo, el sistema escuche al alumno y elimine estos vacíos.
Fuente: http://www.eldiariomontanes.es