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25-05-2009

Bolonia siete años después.

La experiencia de la Universidad de Maastricht, que se adaptó al nuevo plan en el 2002, desmiente prejuicios arraigados en España como el riesgo de mercantilización universitaria.

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La entrada en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES oproceso de Bolonia) cambiará la universidad española. La estructura de los estudios, los procesos de evaluación o la forma de enseñar serán diferentes. Pero donde unos ven ventajas, como la renovación pedagógica y una mayor facilidad para estudiar en el extranjero, otros anticipan la debacle de la universidad pública. Supeditación al mercado, producción en cadena de cerebros y decadencia del conocimiento y el espíritu crítico resumen sus presagios. ¿Qué sucederá a partir del 2010, fecha límite en Europa para implantar este nuevo sistema? Algunos países ya han adaptado sus universidades al EEES y pueden dar cuenta de sus efectos.

Holanda introdujo Bolonia hace siete cursos, con especial éxito en la Universidad de Maastricht, un centro con un alto número de alumnos extranjeros que ocupa los primeros puestos en los rankings internacionales de universidades. 'La Vanguardia' ha viajado hasta allí para comprobar cómo funciona una universidad pública inmersa en el EEES desde el 2002, siempre teniendo en cuenta la singularidad de cada país. Profesores, alumnos y autoridades académicas hablan de consecuencias tanto positivas como negativas, aunque en general prevalece lo primero.

La experiencia de siete años con Bolonia sirve para poner en perspectiva los cambios y las protestas contra el EEES que se dan en España. En Maastricht se sorprenden cuando oyen hablar del conflicto que se ha instalado a este lado de los Pirineos, con la oposición de parte de estudiantes y profesores, encierros en las universidades, manifestaciones… El último acto de protesta se produjo el viernes en la Universitat Autònoma de Barcelona, donde algunas decenas de estudiantes cerraron las puertas de la facultad de Ciencias de la Comunicación durante más de dos horas, impidiendo la entrada al centro. "¿Cuáles son sus argumentos?", preguntan Anita van der Ham y Linferd Huismans, estudiantes de Psicología y Derecho financiero en Maastricht y miembros activos del Consejo de Universidad, órgano de decisión formado por profesores, rectorado y alumnos. Tras la explicación - con lectura de documentos incluida - entienden parte de los temores, pero desmontan otros. "No es cierto que se tenga menos tiempo para trabajar o hacer otras actividades", dice Van der Ham. Admiten que con su metodología de estudio - Maastricht utiliza un sistema llamado 'problem based learning', algo así como aprendizaje basado en la resolución de problemas - la implicación de profesor y alumno ha de ser mayor. Se trata de un modelo similar al que se quiere instaurar en toda Europa, con más tareas en casa - lecturas, investigación, trabajos… - y tutorías. "Si eres creativo puedes organizar tu currículum para compatibilizar trabajo y estudio, y siempre puedes matricularte de menos créditos para disponer de más tiempo libre", resumen. Otros estudiantes entrevistados coinciden con ellos.

"En cuanto a la supuesta mercantilización de la universidad, en nuestro caso no ha sucedido", añaden estos dos representantes estudiantiles. Se muestran escépticos sobre la idea de que el proceso de Bolonia se haya ideado para privatizar la educación superior. "En Maastricht, son los estudiantes los que tratan de establecer más vínculos con las empresas, lo que no significa que haya que rendirse a sus intereses", apuntan.

Joop de Jong, vicedecano de la facultad de Artes y Ciencias Sociales de la Universidad de Maastricht, advierte sobre el "riesgo real" de que las empresas influyan en la universidad, pero no cree que Bolonia lo aumente o lo reduzca. "Estamos en contra de que la universidad sea un apéndice de la empresa, pero sí ha de haber una cooperación, como por ejemplo en los programas de investigación, una relación en la que ambas partes salgan ganando", explica de Jong. La Universidad de Maastricht obtiene dos millones de euros al año a través de proyectos de investigación con compañías, que utilizan para becar a sus alumnos. Con todo, la relación con la empresa apenas ha variado en Maastricht desde que se instauró el EEES. "Nosotros somos los únicos responsables de nuestra enseñanza y nuestro currículum, no la industria", afirma tajante el rector de esta universidad, Gerard Mols.

Es precisamente la estructura de los estudios y su contenido lo que más discrepancias provoca en Holanda. Por lo general, las carreras se han reducido de cuatro años a tres y los másters duran en su mayoría un año. "En definitiva, Holanda ha optado por el ciclo corto, el 3+ 1, seguramente por razones económicas", explica De Jong. España también se inclinó por este modelo al principio. Con Bolonia, los estudios universitarios se estructuran en tres ciclos. Un primer ciclo de entre 180 y 240 créditos - de tres a cuatro cursos- que se llama grado, un segundo de entre 60 y 120 créditos – de uno a dos cursos – que se llama máster y un tercero a determinar que sería el doctorado. Entre los profesores y estudiantes de Maastricht abunda la opinión de que un grado de tres años es demasiado corto y no da tiempo a impartir todos los conocimientos necesarios para formar a los alumnos. "Por eso creemos que la opción final de España de hacer un grado de cuatro años más un máster de uno o dos es buena, los estudiantes estarán mejorpreparados", afirma De Jong. El debate ha llegado a tal punto que el Gobierno holandés se ha comprometido a instaurar grados de cuatro años si se demuestra que sus estudiantes están en inferioridad de condiciones respecto a los países con grados largos.

El máster, en cambio, no variaría. Como en el resto de Europa, casi todos los másters en Holanda son oficiales y a precio público. El coste de la matrícula de un grado y un máster es el mismo, alrededor de 1.600 euros para el curso 2009-2010, y la mayoría de estudiantes de grado continúa con este segundo ciclo. En España, la matrícula de la universidad ronda los 1.000 euros - no subirá para el próximo curso - y la de un máster oficial podría estar entre los 1.600 y los 1.800 - hasta ahora todos eran privados y llegaban a costar hasta 9.000 euros -. Algunos estudiantes españoles critican que de alguna manera "se obligue" a cursar un máster, no sólo para hacer el doctorado. Pero realmente "es necesario un máster para completar la carrera académica", opina Mols. Sin embargo, otros profesores y alumnos lo ven como algo más optativo. Ahora Maastricht se dispone a estructurar el doctorado, mientras España todavía tiene trabajo con los dos primeros ciclos.

Fuente: http://www.lavanguardia.es