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02-06-2010

Bolonia está en EEUU

Opinión.- Julio César Herrero.La universidad española está ya más cerca de Europa y del resto del mundo.

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Ha sido un parto algo doloroso pero la criatura está bien, gracias. La Universidad de Oviedo, entre otras, ha puesto punto final al calendario de clases de un curso marcado, al menos al principio, por la incertidumbre. A pesar de contadas revueltas contra el nuevo sistema educativo superior, de injustificados altercados contra algunos rectores -como si tuvieran alguna responsabilidad- y de la considerable cantidad de insensateces que se han tenido que escuchar - leer-, la universidad española está ya más cerca de Europa y del resto del mundo.

El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ha sido la necesaria tabla de salvación a la que, por fortuna, se ha podido acoger nuestra universidad, fuertemente burocratizada, en progresivo deterioro y muy alejada del inherente concepto de excelencia que, como al soldado el valor, se le supone. Resulta descorazonador que algunos que fomentan la capacidad crítica hacia afuera hayan sido incapaces de ejercerla hacia adentro. La razón quizá haya que encontrarla en intereses que poco o nada tienen que ver con lo que verdaderamente significa la Universidad.

El EEES permite, entre otras cosas, la homologación de los estudios. Es decir, que lo que nuestros alumnos aprenden en España sea reconocido de forma oficial en el resto de países. Ello conlleva, además, que los graduados españoles podrán competir por un puesto de trabajo en igualdad de condiciones con sus compañeros europeos en el país donde quieran buscarse la vida. Los universitarios podrán moverse por los centros educativos de la Unión sin ningún tipo de barrera. Este ´Espacio´ será también más favorable, porque es más amplio, para las tareas de los investigadores.

 

PERO, MAS ALLA de las ventajas mencionadas, implica un profundo cambio de mentalidad en los docentes. Esta es, sin duda, una de las principales novedades. Y tengo para mí que uno de los motivos poco reconocidos en público que han incomodado a parte de la comunidad universitaria: fundamentalmente, a algunos profesores. La tradicional clase magistral? se vuelve testimonial; el alumno, activo, cobra el protagonismo que nunca debió perder; la evaluación es continua y no se limita a la simple repetición de unos apuntes el día del examen. Las clases - que no tienen necesariamente que impartirse en el aula- se vuelven más dinámicas y el trabajo autónomo del alumno también es evaluable. La formación es, al fin, constante y progresiva porque es personalizada.

Las críticas que ha recibido el proceso de adaptación pasan por la falta de inversión necesaria para que este nuevo modelo sea aplicable, por la ausencia de consenso previo con la comunidad universitaria para su implantación y por la supuesta mercantilización de los estudios. Lógicamente, con el elevado número de alumnos que algunas facultades tienen por aula es imposible aplicar el nuevo sistema. Quizá habría que preguntarse si la ´factoría de títulos´ en que se ha convertido alguna universidad, rebajando los estándares de exigencia y ofertando un número de plazas incompatible con una formación de excelencia, está pasando factura.

Por otra parte, poco hay que consensuar cuando el resto de Europa ya se ha puesto de acuerdo en el qué, el cómo y el cuándo. El porqué es evidente: estar o no estar. Y en este punto parece que no hay ninguna cuestión. Finalmente, es cierto que la Universidad no se debe plegar a las exigencias del mercado. Pero también lo es que los centros de educación superior no deben seguir viviendo de espaldas a la realidad. No deben ser una oficina de empleo, pero tampoco una fábrica de parados. La crítica más demoledora del sistema la formulan, sin saberlo, los estudiantes de Periodismo cuando hacen prácticas durante el verano en un medio de comunicación y tienen la sensación de que en tres meses han aprendido más que en tres años.

A este nuevo modelo de educación lo hemos denominado ´Bolonia´. En realidad, no es más que el método que se viene aplicando en Estados Unidos desde hace décadas. Supongo que ´Bolonia´ suena mejor que ´Kentucky´ o ´Iowa´ pero menos pretencioso que ´Harvard´ o ´Yale´. En esencia, todo lo mismo.

 

*Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Camilo José Cela.

Fuente: http://www.lavozdeasturias.es/